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jueves, 13 de febrero de 2014

El amor se siente gracias al hígado y no al corazón

El amor ha sido asociado por años con el corazón. Este órgano es un icono el Día de los Enamorados y, generalmente, se utiliza para representar los sentimientos que se tienen por alguna persona.

“Te amo con todo el corazón” es una frase que se suele emplear con recurrencia, pero de acuerdo al psicólogo Boris Barraza, lo correcto sería decir “Te amo con todo el hígado.”

Y es que lo que hace que “alguien nos mueva el tapete” es un proceso químico que comienza cuando las féminas destilan sus feromonas.

El psicólogo explica que las damas están permanentemente emitiéndolas. En algunas ocasiones con mayor intensidad que otras. Se captan a través de un órgano llamado vomeronasal, que se localiza en el epitelio olfatorio, en el cerebro, y de ahí ingresan al sistema nervioso central. El “clic” -según Barraza- se da cuando el umbral perceptivo olfativo del muchacho se encuentra en la misma frecuencia que la vibración de las feromonas de la joven. Es por esta razón que una chica puede resultar atractiva para alguien y no para otro.

En ese intercambio de estímulos, se descargan ciertas sustancias que impactan el hígado, lo que genera que éste libere unas hormonas llamadas glucocorticoides. “Son una especie de almacenadoras de energía. Cuando estamos emocionalmente impresionados, tanto la adrenalina como los glucocorticoides se liberan y hacen que nos sintamos bien con la persona que nos atrae”, señala Barraza.

“Cuando alguien nos gusta, tenemos tanta energía que el corazón comienza a acelerar su ritmo cardíaco -por ello la asociación del amor con dicho órgano-. Es una respuesta a lo que el hígado está indicando. La pasión que se siente es el hígado trabajando con las suprarrenales”, agrega. Es por esto que se dice que el enamoramiento es un proceso neuroendocrinológico.

Aquí se entra en una etapa de fascinación, en la que no se le ve ningún defecto a la pareja. Esto mueve a iniciar una relación de noviazgo, donde se sube otro escalón: se pasa a la ilusión. Acá se empiezan hacer planes a corto, mediano y largo plazo con la pareja, desde viajar a casarse y formar una familia. Se comparte con el otro y es a través de la convivencia que suele surgir el afecto y a veces el amor.

La tercera etapa es la más difícil. Según Barraza es conocida como objetivación o confrontación. En ella, se comienzan a notar las imperfecciones del otro y es cuando se decide si se sigue o no. En un noviazgo, no todas las parejas pasan por las tres etapas. “Hay relaciones que duran más que otras. Y el hecho de que logren sobrellevar la tercera no significa que al final vayan a quedarse juntos”, sostiene Barraza.

En este caminar, a veces se suele confundir la pasión con estar enamorado. Barraza aclara la diferencia: la primera es una reacción intensa que acaba en un instante; la segunda te hace sentir bien constantemente.


Amor para siempre

De acuerdo al psicólogo, el amor eterno es posible. “Se trata del amor que ha soportado y seguirá soportando las pruebas del tiempo. Es el amor maduro”, expresa.

Alcanzarlo implica un esfuerzo grande de la pareja. El apoyo y la comprensión no pueden faltar. Varios estudios han revelado que el enamoramiento no dura más que dos años, entre ellos el presentado por la BBC a inicios de febrero.

La investigación la realizó un equipo de la Universidad de Pisa, en Italia, y una de sus conclusiones es que “cuando una relación se vuelve estable, un tipo diferente de hormonas toma el relevo de la química corporal.” De las neurotrofinas o “moléculas del amor” se pasa a segregar oxitocinas o “moléculas de la ternura.”

Así finaliza el enamoramiento, pero no el amor. Sin embargo, Barraza establece que la monotonía puede deteriorar dicho sentimiento, por lo que recomienda la innovación diaria.

Fuente: El Salvador

   

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